24 enero 2012

Rumbo a la deriva.


Buenas tardes. Les habla su Capitán.
Estamos a punto de intentar un aterrizaje catastrófico.
Por favor, apaguen sus cigarrillos y pongan sus mesas en posición vertical.
El Capitán dice: Pongan sus cabezas en sus rodillas.
El Capitán dice: Pongan sus cabezas en sus manos.
El Capitán dice: Pongan sus manos en su cabeza.
Pongan sus manos en sus caderas.
Je, Je.
Les habla el Capitán – y estamos cayendo.
Estamos cayendo todos juntos.
Y yo dije: Oh, vaya.
Esto va a pasar algún día
Aguarden.
Este es el momento.
Y esta es la grabación del momento.
Este es el momento.
Y esta es la grabación del momento.
Eeh- les habla el Capitán de nuevo.
¿Saben? Tengo el curioso presentimiento
De haber visto todo esto anteriormente.
¿Por qué?
Porque soy un hombre de las cavernas.
¿Por qué?
Porque tengo ojos tras mi cabeza.
¿Por qué?
Es el calor.
Aguarden.
Este es el momento.
Y esta es la grabación del momento.
Este es el momento.
Y esta es la grabación del momento.
Pongan sus manos sobre sus ojos.
Salten del avión.
No hay piloto.
No están ustedes solos.
Aguarden.
Este es el momento.
Y esta es la grabación del momento.
Este es el momento.
Y esta es la grabación del momento.

Laurie Anderson, From the air (1982) La traducción es mía.




24 agosto 2011

Esa loca juventud

Benito en Madrid: Jóvenes sanotes, valientes y amantes de la paz.



En mis años mozos: Aquellos chalados. Bajo su pulgar.



Piongyang: Cuanto más jóvenes, mejor. Más flexibles.



El origen de la juventud sana: Leni Riefenstahl



Atención, pregunta: ¿Cual es el vídeo que no cuadra en esta secuencia?

18 noviembre 2010

Brasil



video


Hemos estado dos semanas en Brasil (y un par de días en Argentina).

12 agosto 2010

Baden Baden (y III)

Lo primero que llama la atención de la obra recién acabada es el estudiado diseño de paisajística urbana. Los señores del excelentísimo ayuntamiento han pensado en todas las necesidades de la vida moderna, especialmente en los vehículos de dos y cuatro ruedas. También la imprescindible publicidad ha encontrado acomodo en el nuevo espacio. Una pena que el turista -o el simple paseante de su propia ciudad- tenga que hacer virguerías si quiere tomar alguna vista del Congreso…

…o de la plaza de Neptuno desde el costado del hotel Palace.

En la plaza de las Cortes la obra está aún por terminar, pero ya se aprecia el inequívoco estilo Gallardón: Concienciado con el cambio climático, nuestro alcalde ha decidido eliminar cualquier rastro de ajardinamiento y lo ha sustituido por duro granito jaspeado -apariencia inocente que oculta cuarzo, mica y feldespato.

Eso si, se ha tapado la antigua salida del parking (era un horror) con una especie de homenaje en piedra a la tumba de Lenin. Y hasta el cruce de la carrera de San Jerónimo con la calle Cedaceros, el resto de la obra nos recuerda vagamente al invierno en Vladivostok.

Me alejo de la remodelación modélica y desemboco en la plaza de Canalejas. Mi plaza de Canalejas. Dieciocho años trabajando en uno de sus emblemáticos edificios me dan derecho a usar el posesivo. Dieciocho años viendo como se degradaba, reforma tras reforma. De centro financiero y emporio del lujo elegante a simple lugar de paso para el turismo de alcohol barato y sexo fácil que nos invade en los últimos tiempos.

Sigue repleta de artefactos inútiles, diversos cachivaches urbanos que afean la vista…

…y complicadas señales de tráfico que sólo consiguen despistar al miserable conductor que cometa el terrible error de introducirse en esa zona.

Y el cartelón que anuncia alguna obra inminente desde hace un par de años.

Y el típico socavón que se llena de agua sucia cuando llueve.

Y el bujero-papelera, tan nuestro.


Total, que me vuelvo a casa hecho un manojo de nervios. Y al llegar a mi calle encuentro…

…el punto limpio, como su propio nombre indica.

08 agosto 2010

Baden Baden (II)

Termino el re-desayuno y prosigo el paseo. Ahora me encamino a Cibeles por Recoletos. El otrora hermoso paseo, tontódromo de la ciudad, bulevar florido donde ver y dejarse ver. Sobre todo en noches oscuras. Abandonado a su suerte en los últimos veinte años. Último refugio entre autopistas de chaperos, yonquis y demenciados. Recibe ahora un tratamiento de choque por el Ayuntamiento. ¿Sobrevivirá?


Un suelo compacto de alguna misteriosa amalgama sustituye al roto pavimento de cerámica. Las mencionadas farolas de Ikea (la farola modenna, la farola de moda), al modelo anterior de luminaria, un tanto cursi y recargado de floripondios, es cierto, pero los floripondios fueron cosa del Sr. Álvarez del Manzano y López del Hierro (era un único señor a pesar de tanto apellido). Unos bancos de grantito anti-ergonomía reemplazan a los anteriores de madera y hierro forjado, tan cómodos y todavía en buen uso. Para cruzar a Bárbara de Braganza tienes que dar un extraño rodeo, porque la nueva peatonalización supone que el paso de peatones no está en su sitio (la esquina) sino muchos metros más allá.

Los que no desaparecen son los añadidos hosteleros que depredaron los jardines laterales en los años 90: El mostrenco kiosko-terraza del café Gijón, el abusivo capricho Art-Nouveau del Espejo. Y los plásticos soportes grafiteros de los puestos de helados. Y el espantoso acceso (de pus) a la estación de Renfe (ahora Adif). Cuando paso del tramo re-decorado al viejo y decadente, no puedo evitar un suspiro de alivio. Aquí al menos la luz reflejada en el granito y el acero no daña la vista.

Llego a Cibeles y cruzo por el lado del Banco de España. Aquí tengo que reconocer que el Ayuntamiento de RuizGa tuvo (hace años) el buen criterio de poner semáforos y eliminar pasos subterráneos. Pero alcanzo la zona central del paseo del Prado y compruebo que sigue tan abandonada y cutre como solía.

Un puesto de helados con toda su intendencia y aparato electrónico. El kiosko de prensa de toda la vida. Y una infinidad de objetos de mobiliario urbano, inútiles salvo como soporte publicitario. Destaca una de esas absurdas señales luminosas marrones que orienta a los turistas en español, inglés y japonés. Un amigo nuestro, británico él, se descojona vivo cada vez que la ve, al advertir que “plaza de Cibeles” se dice en inglés “plaza de Cibeles”. Elementary, my dear Watson.

El mal humor que siento al imaginar el pastón que nos hemos gastado los madrileños en el nuevo despachito del alcalde (antes Notre Dame des Communications) se me pasa un poco paseando por el bulevar junto al antiguo ministerio de Marina. Sombra, verdor, estilo. Y enfrente, la fuente de Apolo, tan fresca y armoniosa.

Pero llego a Neptuno (a.k.a. plaza de Cánovas del Castillo) y me vuelvo a derrumbar: Aquí también, junto a los museos del Prado y Thyssen, entre el Palace y el Ritz, la farola terminator, la farola que acabará con todas las farolas. Se trata de la casi finalizada remodelación del tramo final de la Carrera de San Jerónimo.

Redecora tu vida o muere, maldito bastardo.

07 agosto 2010

Baden Baden (I)



“Madrid en agosto, con dinero y sin familia… ¡Baden-Baden!”
, dicen que dijo en alguna ocasión D. Francisco Silvela, ilustre prócer madrileño de hace un siglo.

Así que como es agosto, estoy forrado y tengo a Alfonso de vacaciones nilóticas, he decidido esta mañana muy tempranito salir de paseo, armado de mi cámara y como un turista más, decidido a disfrutar ese idílico Madrid agosteño.

Aprovecho para llevar envases a reciclar al punto limpio de mi calle, también llamado urinario público nº 1. Tres contenedores malolientes acumulan los residuos que los sufridos vecinos nos obstinamos en depositar. Papel, vidrio y envases, porque en el barrio no hay recogida de cubos amarillos, aunque pagamos la misma tasa de basura que en Chamberí o Salamanca. Alrededor, un revoltijo de residuos en estado sólido, líquido y gaseoso, orgánicos e inorgánicos.


“Es temprano” -me digo. “Pronto pasarán por aquí los señores barrenderos municipales para recogerlo todo, regar la calle y dejarla más limpia que una patena”. Y contento y feliz, emprendo mi recorrido turístico. Tomo el metro -línea 5- en Latina. La estación no tiene aire acondicionado y empiezo a sudar -suerte que me puse desodorante-, pero cuando llega el tren y subo al vagón el calor tropical se convierte en frío siberiano. Estornudo.

Salgo tiritando del suburbano en Alonso Martinez, a la plaza de Sta. Bárbara que tan gratos recuerdos me trae. Lo primero que veo es un informe retal de césped descuidado, rodeado por una cáscara parda de hormigón y herrumbre. Sobre el césped, los restos del botellón del viernes. Botes de refresco y botellas de pet vacías. La plaza ha sido reciéntemente peatonalizada adoptando una estética entre Ikea y Terminator. Se trata de dar un aire escandinavo y futurista al conjunto histórico del Madrid Isabelino.


Las viejas farolas de siempre han sido sustituídas por artefactos relucientes y robóticos, los románticos banquitos de piedra desgastada son ahora un poema dada; Y donde había un templete neoclásico que albergaba una pequeña librería de viejo se levanta un kiosko neomoderno de vidrio y acero con librería… y bar. Alrededor, un viejo palacio abandonado (nº 10 de la plaza) y algunos arbolitos enclenques recien plantados (en Madrid, árbol puesto es árbol muerto por falta de cuidados). Mucho más mejor asín.


No quiero caer en una infecunda nostalgia, así que bajo la calle Génova hasta Colón. Entro en la cafetería Riofrío, una de las poquísimas que resisten a la desaparición de la especie. Pido un café con leche y un croissant (ya dije que estoy forrado) y recuerdo como era la zona antes de que el alcalde Arias Navarro decidiera transformarla en “la plaza más bonita de Europa”. Yo era entonces un niño pequeño y me impresionó sobremanera el efecto de las piquetas sobre el palacio de Medinaceli. Recuerdo también los furibundos ataques de la prensa conservadora a Tierno Galván cuando remodeló la Puerta del Sol instalando las llamadas farolas “supositorio”.


Soy incorregible, otra vez la nostalgia me atacó.